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| La botella virada y los vasos boca abajo, simbólica alusión a la abstinencia alcohólica. |
Desde tiempos bíblicos la humanidad consume néctares que influyen en la conducta, creando adicciones frente a las cuales hay entidades que promueven la continencia. El grupo cuencano Fortaleza celebró sus bodas de plata.
El constructor del arca bíblica, Noé, es el primer borracho conocido, según las sagradas escrituras. Hoy, cerca de tres millones de alcohólicos anónimos del mundo, que renunciaron a beber, son una gota frente a la mayoría de más de ocho mil millones de terrícolas afectos a vaciar la copa.
El patriarca del diluvio universal –nieto de Matusalén, que vivió 979 años-, aprendió a elaborar vino y apareció, dormido de embriaguez, con los genitales desnudos. Fue abuelo de Canaán, el novio en cuyas bodas Jesús convirtió los toneles de agua en vino, bebida que simboliza la sangre del redentor de la humanidad, consagrada por los sacerdotes en la eucaristía católica.
Con el pasar de los siglos se perfeccionaron los procesos para elaborar cada vez más exquisitos manjares alcohólicos, infaltables en las celebraciones domésticas y públicas, en tiempos buenos o malos de la vida. Nacido el alcoholismo se multiplicaron por el mundo las empresas productoras en magnitudes industriales.
El consumo excesivo de licor afecta la salud física y mental y crea dependencia, con consecuencias negativas en los individuos y sus familias afectadas síquica, social, económicamente. El problema está en ciudades y zonas rurales de todos los países. Cada día ocurren accidentes, peleas, violencia de todo género, bajo efectos de la sustancia. A lo largo de la historia, personajes descollantes de la cultura, de la política, del sector público y privado, hasta de las iglesias, han caído en la enfermedad progresiva, así como gente común, víctima de calamidades.
La resaca del alcoholismo originó reacciones de los propios pacientes, para optar por la privación como remedio, pues los tratamientos médicos eran apenas paliativos frente a las recaídas. El 10 de junio de 1935 los estadounidenses Bill Wilson y Bob Smith, bebedores contumaces, se reunieron a brindar la última copa y crearon la organización Alcohólicos Anónimos, para dejar la adicción por su cuenta, defraudados por la ciencia y la medicina. El experimento se expandió y ahora la entidad está en más de 180 países con cerca de 120 mil núcleos que reúnen a tres millones de asociados.
En Ecuador la ingesta excesiva de bebidas alcohólicas es un problema histórico de la sociedad. Hubo tiempos en que los impuestos a la fabricación de aguardiente eran fuente importante del erario público. Cuenca en 1967 fue la primera ciudad ecuatoriana donde se creó un núcleo llamado Alianza Amiga, precedente de Alcohólicos Anónimos. La iniciativa fue de Miguel Márquez Vázquez, médico cuencano con una larga trayectoria profesional en Cuba, amigo de Alejandro Ugalde Camacho, a quien propuso fundar el centro antialcohólico.
Alejandro Ugalde, hacendado con propiedades de cultivo de caña de azúcar y destilerías en Paute, bebedor empedernido, accedió a la propuesta y decidió no emborracharse más. El local de Alianza Amiga, en la calle Padre Aguirre, junto al teatro Candilejas de entonces, resultó estrecho para tantos aspirantes a la abstención y el promotor, hombre de influencias, consiguió del alcalde Severo Espinoza uno más amplio, frente al templo de El Cenáculo, en el centro histórico.
El proyecto antialcohólico avanzó al impulso de Ugalde Camacho, que consiguió en 1972 la donación municipal de un terreno de diez mil metros cuadrados en el barrio El Paraíso, para con ayuda de la diócesis alemana de Munich levantar el Centro de Rehabilitación de Alcohólicos, con personal y equipamientos para tratar toda clase de adicciones. Él dirigió el establecimiento hasta poco antes de morir, el 8 de octubre de 2000, camino a los 91 años. El CRA aún sigue funcionando y tiene pacientes de todo el país.
Pero el CRA, continuación de Alianza Amiga, es caso aparte frente a Alcohólicos Anónimos, basado en la decisión de dejar por voluntad propia la ingesta, siguiendo pasos que empiezan por la aceptación de que el alcoholismo es una enfermedad, y el diálogo para compartir entre compañeros confidencias y experiencias.
En Cuenca hay alrededor de veinte y cinco grupos de A.A. en diferentes barrios. También los hay en cantones y parroquias de la provincia del Azuay, con un total de miembros que sobrepasa de trecientas personas, entre ellas también mujeres.
De las bodas de Canaán a las bodas de plata de “Fortaleza”
Fortaleza es uno de los grupos de A.A. en Cuenca. El 10 de marzo conmemoró veinte y cinco años y fue oportunidad para que sus miembros celebraran el triunfo de contar día a día, mes a mes, año a año, su tiempo de abstinencia.
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| Mesa directiva sin presencia de dirigentes de la organización de Alcohólicos Anónimos que cumplió un cuarto de siglo de su fundación con una celebración especial en el Salón de la Ciudad, de Cuenca. |
Pablo es uno de los fundadores. El anonimato obligatorio y necesario ayuda a los miembros de la fraternidad a conversar con total confianza. Pablo cuenta su historia y la de su organización: tiene 70 años y lleva 32 sin tomar un trago. Empezó como aprendiz de abstemio a finales de los noventa del siglo pasado, en un grupo al que llamaron Humildad, con su hermano César, y Manuel y Víctor, dos amigos, también hermanos.
Los cuatro se reunían a conversar sus conflictos alcohólicos en el café Flamingo, en la calle Luis Cordero, frente a la Casa de la Cultura. La sinceridad y la confianza creció entre ellos, así como la decisión de poner fin a la adicción que los traía problemas personales y familiares.
Padre de familia, Pablo había abandonado su hogar debido a la ingesta alcohólica; también quedaron truncos sus estudios de arquitectura. Había empezado por libar los fines de semana y luego con más frecuencia, hasta percatarse de que semejante vida no podía seguir más. Las reuniones iniciales dieron buenos resultados y decidieron crear el grupo Fortaleza, de A.A., en un local arrendado en las calles Honorato Vázquez y Tomás Ordóñez, con un escritorio, pocas sillas y una cafetera para tintos. El estreno fue el 10 de marzo de 2000 y en 15 días llegaron más de veinte personas buscando acogida. Un coordinador, un secretario tesorero, el cafetero y el responsable de eventos se encargan del funcionamiento del grupo.
La conversación franca y la fraternidad entre los miembros llevan a superar los traumas sicológicos y físicos del alcoholismo. “Empezamos a sentirnos personas nuevas, no solo dejamos de beber y sufrir sino cambiamos la vida”, dice Pablo, el único del grupo inicial que ni una vez recayó en la enfermedad. Su hermano César falleció hace dos años, sin reincidir tampoco.
La organización se ha consolidado. Concurren libremente, sin pagar ingreso, quienes han decidido dejar la bebida. Ellos dan una cuota voluntaria según sus posibilidades y si no las tienen, no aportan. Los ingresos sirven para arriendo y mantenimiento del local, los servicios básicos. Hay jóvenes y mayores, profesionales de diversas especialidades, comerciantes, empleados, desempleados y en la actualidad, tres mujeres. A veces también sacerdotes. Todos se tratan como iguales, no discuten de religión, de política o temas que no sean los reglamentados en los doce pasos básicos con 36 principios de la organización.
Pablo está sobrio durante los 25 años de Fortaleza y desde antes en su grupo Humildad. Comparte con compañeros que viven abstemios y otros que reinciden; algunos se ausentan temporadas y reaparecen temblorosos por las recaídas. Él no ha ingerido licor todo el tiempo, pero no deja el grupo, pues el alcoholismo es enfermedad incurable y una probada imprudente podría empujar a fatales resbalones.
Las sesiones ordinarias son los martes, viernes y domingos, entre los miembros firmes de la organización, y lunes, miércoles y jueves, con los principiantes, entre el atardecer y la noche. La ocupación de todos los días descarta el tiempo libre que podría despertar tentaciones, pues “para un alcohólico un trago es demasiado y mil no son suficientes”, según un experimentado mensaje de A.A.

