El anuncio de la anticipación de las elecciones seccionales para noviembre próximo apresuró el inicio de la campaña política de los partidos, movimientos y candidatos para el desarrollo del evento. El país se encuentra en plena temporada previa al proceso electoral, con las consiguientes influencias en las diversas actividades públicas y de los ciudadanos.

La preocupación por el futuro del país debería inspirar a los aspirantes a las diversas funciones determinadas por la convivencia democrática. Luego de largos tiempos de debates, altercados, conflictos de intereses particulares sobre el bienestar colectivo, tiempo es de reclamar que los involucrados en la puja política retomen cordialidad con la que deberían afrontarse las contiendas. Lo cívico y el bien común deberían morigerar los arrebatos de luchas intestinas asociadas a la temporada.

Las experiencias electorales de algunos años a esta parte, deben servir para que los organismos responsables de conducir el proceso que se viene, así como los partidarios de todas las tendencias, cumplan con vocación democrática sus deberes con los pueblos y los ciudadanos. No está demás reclamar que la madurez se imponga sobre la improvisación en la conducta durante la campaña, para garantizar que los resultados sean claros y aceptados sin aspavientos de los perdedores inventando teorías de fraudulencia y que los triunfadores sin vanaglorias se dispongan a cumplir las obligaciones que imponen las urnas. Ya debería, por fin, realizarse un proceso eleccionario tranquilo, respetuoso, confiable, para que pueda el Ecuador tomar rumbos certeros en el devenir histórico e imperen el orden, la justicia, la sanidad moral, olvidando ilicitudes y corrupción que tanto han golpeado el destino del país y de sus pobladores.

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