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La expansión por zonas rurales incorporadas a la vida de la ciudad, el desarrollo comercial e industrial y las urgencias de conectividad intensa y permanente, encuentran escapes de movilización en pasos deprimidos o elevados para evitar embrollos que causan demoras y molestias a los usuarios. Las nuevas necesidades imponen soluciones que alimentan el debate sobre la apreciación bucólica del paisaje originario 

El tránsito motorizado urbano de Cuenca es problemático desde hace más de dos décadas y lo será más en el futuro si no se hacen obras técnicamente apropiadas y oportunas para afrontarlo. El creciente parque automotriz y el acelerado ajetreo de la vida diaria demandan acciones emergentes para que el caos del tránsito aminore o desaparezca.

El 1 de septiembre de 2026 entró en operación el primer carril del distribuidor de tráfico de Monay, obra del gobierno nacional, en dirección Cuenca-Azogues. El otro carril en sentido inverso terminará en un año.

   El distribuidor de tráfico de Monay, en la Circunvalación Sur, es obra cuyos resultados han empezado a apreciarse desde el 1 de septiembre, cuando entró en operación el primero de los dos carriles de circulación en la dirección Cuenca-Azogues, mientras de inmediato se ha comenzado el carril en sentido contrario, que estaría listo en un año. Es la mayor obra planeada en Cuenca para resolver alarmantes conflictos de circulación en ese sitio.

   El paso elevado de alrededor de un kilómetro de longitud se convirtió en tema controversial desde que el ex alcalde Fernando Cordero -1996-2004- hizo reparos luego de un año desde que en septiembre de 2025 empezaron los trabajos. Su argumento fue que el paso elevado atentaba contra el paisaje y que debieron considerarse otras alternativas amigables con el entorno de la ciudad patrimonial. Por su ubicación, el distribuidor de Monay dista varios kilómetros del centro histórico de la ciudad.

Los primeros vehículos que usaron el distribuidor de tráfico, entre aplausos de los obreros que hicieron la obra y autoridades del gobierno, en un día de sol esplendoroso

  Fernando Cordero, arquitecto experto en planificación urbana, docente universitario y profesional estudioso para la ejecución de los primeros pasos deprimidos de movilidad urbana, impulsó las gestiones con las que Cuenca logró ser reconocida por la UNESCO ciudad patrimonio cultural de la humanidad. Su celo en materia del distribuidor de Monay se sustenta en argumentos sólidos para defender el paisaje urbano sin los “mamotretos” (como él calificó) que podrían deslucirlo.

    No obstante, los tiempos han cambiado y a la expansión de la ciudad han sucedido problemas graves en materia de circulación vehicular por el centro y la periferia, que deben ser afrontados y resueltos empezando por interrogantes que claman respuestas a la realidad presente y del futuro. Cuenca ya no puede ser considerada “el llano tan grande como el cielo” de tiempos anteriores a los españoles que irrumpieron en el siglo XVI. Hoy la ciudad ha desbordado por todas las direcciones el espacio del tradicional centro histórico y la movilidad es un fenómeno creciente en forma incontenible.

   El paso deprimido en el cruce de las avenidas 12 de Abril y José Peralta -sector de Todos Santos-, fue una de las obras mayores ingeniadas por el alcalde Cordero Cueva para resolver el congestionamiento del sitio. En agosto de 2004 entró en servicio, pero casi de inmediato ya fue insuficiente para mejorar la movilidad, pues si bien aliviaba en la dirección oriente occidente y viceversa, no consideraba una solución integral para la circulación proveniente de las avenidas convergentes, que tampoco estaban en la mente y los sueños de aquellos antepasados seculares que ni imaginaban aquello de las “horas pico”.

Aspecto de los trabajos en días previos a la operación del tramo terminado. En el entorno aún se aprecian actividades complementarias en las vías adyacentes.

    Por no afear el paisaje con un paso elevado, construido simultáneamente con el deprimido, esa solución próxima al monumento a José Peralta fue a medias y seguramente, a futuro, deberá revisarse. Las nuevas necesidades acabarán por imponer consideraciones emergentes para planificar con criterios técnicamente especializados la nueva realidad de la movilidad urbana en una ciudad con calles y avenidas atravesadas por columnas interminables de vehículos que pugnan por acelerar y abrirse camino. El paso deprimido de Todos Santos resultó una solución apenas parcial del atolladero vehicular cada vez más intenso en el sitio.  Además tiene en la proximidad altas edificaciones que ocultan el paisaje.

   Acaso sea, penosamente, desalentador, dejar de ver los horizontes del paisaje antiguo, de vergeles, naturaleza y caudales románticos, agredidos por estructuras metálicas y hormigón, pero ¿qué hacer frente a la marcha incontenible de nuevas urgencias de movilidad que surgen y crecen por todas las calles y avenidas, repletas de carros y conductores desesperados por ganar tiempo y llegar a sus trabajos y destinos? Ni la circulación regulada por el número de las placas de los carros, ni la semaforización, acabarían con las colas de vehículos en las esquinas de conflicto.

    El tema, en todo caso, merece abordarse con los pies sobre la tierra, sustentado en la realidad cambiante, en forma inevitable, de las relaciones del hombre con el tiempo en el que le ha tocado vivir y actuar. Nuevos distribuidores de tránsito están por construirse en Gapal y la avenida 12 de Octubre, obras llamadas a resolver grandes atolladeros de circulación ¿Y si no se los hiciera, cómo se evitarían los graves problemas de circulación de hoy, y gravísimos, en el futuro?

En definitiva, el avance incesante de la vida exige convivir con el paisaje cambiante de las ciudades, pues los paisajes, como las relaciones del ser humano con el mundo, se modifican a lo largo de la historia de la civilización, y así continuará en siglos venideros.

En 2004 el alcalde Fernando Cordero inauguró el distribuidor de Todos Santos, que resolvió parcialmente la congestión, pues faltaría un complemento para evitar los atolladeros en las vías convergentes. Le acompañan su esposa, la Chola Cuencana y el prefecto Leonardo Alvarado al extremo.