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Sus praderas abiertas permiten contemplar grandes manadas de bisontes y alces, además de ciervos, lobos, osos, coyotes y otros depredadores. A menudo, basta con detenerse en la carretera, observar el paisaje y esperar; con un poco de suerte, se pueden ver ejemplares de todas las especies mencionadas 

En el extremo noreste del Parque Nacional de Yellowstone se encuentra uno de los paisajes más espectaculares y auténticos de Estados Unidos: Lamar Valley (Valle Lamar). El valle toma el nombre de Lucius Quintus Cincinnatus Lamar, una figura política importante en Estados Unidos quien, en los últimos años del siglo XIX, fue conocido entre otras obras por oponerse a la construcción de una línea ferroviaria en los límites del parque nacional, bloqueando así el desarrollo comercial que hubiese atentado contra la flora y fauna. Gracias a eso, podemos hoy disfrutar de esa extensa llanura rodeada de montañas y atravesada por el río Lamar, y que con razón es conocida como uno de los mejores lugares del mundo para observar animales salvajes en libertad.

    A diferencia de otras zonas de Yellowstone, famosas por sus géiseres, fuentes termales y grandes cascadas, Lamar Valley destaca principalmente por su extraordinaria concentración de fauna. Sus praderas abiertas permiten contemplar grandes manadas de bisontes y alces, además de ciervos, lobos, osos, coyotes y otros depredadores. A menudo, basta con detenerse en la carretera, observar el paisaje y esperar; con un poco de suerte, se pueden ver ejemplares de todas las especies mencionadas. Por algo a este valle se lo conoce como el ‘Serengeti de América’.

     El paisaje también cuenta una historia geológica fascinante. Lamar Valley no adquirió su forma actual de manera repentina. Durante la última gran glaciación, los glaciares modificaron profundamente esta región. El hielo dejó enormes bloques de roca y agua que, con el paso del tiempo, contribuyeron a modelar el paisaje que podemos contemplar actualmente. El río Lamar es otro elemento esencial del paisaje. Su curso serpentea a través de las praderas y crea un contraste extraordinario entre el verde de la llanura, los tonos dorados de la vegetación seca y las montañas que se elevan en el horizonte. Es decir, la geología de Yellowstone es el resultado de millones de años de actividad volcánica, erosión, movimientos tectónicos y glaciaciones, y Lamar Valley ofrece una oportunidad especialmente clara para observar cómo esos procesos han condicionado la forma del terreno y, al mismo tiempo, la distribución de la vida.

    Hay que decirlo: Lamar Valley no es solamente un escenario para observar animales. También es un lugar importante para comprender la historia de conservación de Yellowstone. A comienzos del siglo XX, la población de bisontes había disminuido de manera dramática. En Lamar se estableció un rancho destinado a criar y aumentar el número de estos animales. Los bisontes criados allí fueron posteriormente liberados y también utilizados para reforzar poblaciones en otras zonas. El Lamar Buffalo Ranch se convirtió así en parte de uno de los primeros grandes esfuerzos de gestión destinados a evitar la desaparición de una especie emblemática.

    La historia de los lobos es igualmente significativa. Después de décadas de persecución, estos depredadores habían desaparecido de Yellowstone. Entre 1995 y 1997 se reintrodujeron 41 lobos procedentes de Canadá y del noroeste de Montana. Desde entonces, los científicos han podido estudiar de nuevo el papel de tal gran depredador dentro del ecosistema.

     Para el visitante, una de las grandes virtudes de Lamar Valley es precisamente su sensación de inmensidad. No hace falta encontrar un animal extraordinario para disfrutar del lugar. El silencio, el viento sobre la hierba, el vuelo de las aves y las montañas que cambian de color con la luz crean una experiencia difícil de reproducir en cualquier otro destino. Es de seguro uno de los pocos destinos en el mundo que vale la pena repetir.

   Sin embargo, esa sensación de libertad no significa que los animales sean inofensivos. Los bisontes, alces y otros grandes mamíferos son animales salvajes y pueden reaccionar de manera imprevisible. El Servicio de Parques Nacionales recomienda mantener al menos 91 metros de distancia de osos y lobos y 23 metros de otros animales.

    En una época en la que muchos paisajes han sido profundamente modificados por la actividad humana, este rincón de Yellowstone ofrece la oportunidad de contemplar algo extraordinariamente raro: una naturaleza que todavía puede impresionar por su belleza y la paz que ofrece.