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 Senador y pre candidato presidencial, Miguel Uribe fue abaleado el 7 de junio

Casi niño, Juan Sebastián Ramírez disparó tres balas contra Miguel Uribe Turbay, precandidato del partido Centro Democrático a la presidencia de Colombia, cuando se dirigía el 7 de junio de 2025 a sus partidarios en una plaza del barrio bogotano Modelia

La víctima, nieto del presidente Julio César Turbay Ayala e hijo de Diana Turbay, periodista asesinada durante el auge del narcotráfico liderado por Pablo Escobar entre fines de los años 80 y en los 90 del siglo pasado, fue concejal y senador. El joven sicario preguntó a una mujer que estaba a su lado quién era el hombre al micrófono. Y al confirmar su identidad sacó el arma y disparó. Las balas hirieron el cerebro del político que aún sobrevive en extrema gravedad. Previamente, una joven tras el precandidato le habría hecho señales con los ojos, para insistirle a que dispare. Días después ella, Katerina Martínez, de 19 años, que asomó en videos, fue capturada y dio datos sobre la confabulación.

El autor de los disparos fue retenido por la policía cuando escapaba por calles del barrio. Sometido, gritó que lo había hecho por la familia y por la plata y anunció que daría números, refiriéndose a los teléfonos de su contacto. Y citó “al man de la olla”, nombre de un barrio marginal donde menudea el microtráfico. El casi niño criminal tenía una herida de bala en una pierna y no pudo huir. Además, a quienes obedecía no habrían planeado la fuga, pues estaban seguros de que le matarían en el acto. El hecho avivó versiones. Los autores intelectuales lo planean con segundas y terceras personas contratadas en el negocio de los crímenes; entre ellos y el último actor, no se conocen. Además, prefieren actores materiales indigentes, con crisis familiares, acaso abandonados. El niño encajó en el esquema y con algún entrenamiento se ajustaba al plan. Vivía con una abuela, pues su padre le dejó niño tierno cuando fue a buscar vida en Polonia y era huérfano de madre. Además, al menos desde dos años atrás, consumía y negociaba drogas.

Las cámaras de seguridad registraron los movimientos previos al atentado. Un carro conducido por Carlos Eduardo Mora recorrió desde la víspera el sector, reconociéndolo. El 7 de junio se estacionó una hora y media antes cerca de la plaza del mitin político y allá llegó el menor como pasajero de una motocicleta, ingresó al vehículo y salió mudado de ropa y seguramente con el arma de fuego que iba a usarla. Cuando caminaba a su destino, Katerina Martínez y un acompañante lo siguen desde cierta distancia hasta que se pierden entre el público. La joven luego es vista en videos difundidos del acto, haciéndole señas apuradas al pistolero como para apurarlo a cumplir el plan.

Las primeras declaraciones de los detenidos –incluido el conductor del vehículo- señalan haber sido contratados por El Costeño, Elder José Arteaga Hernández, presumible autor intelectual del crimen, cuya detención se produjo en Bogotá el 6 de junio, mientras se presume que otro mentalizador sería un sujeto alias Churco, posiblemente ecuatoriano, por cuya ubicación las autoridades colombianas ofrecieron una recompensa con 300 millones de pesos (73 mil dólares).

Uribe sobrevive a las lesiones cerebrales y otras, pero es incierto si salve la vida y si podría mantenerse en campaña por la presidencia de Colombia. El crimen, para el que personajes mafiosos de la política usaron al menor, marca a un gobierno cuyo presidente no ha dejado de hablar con signos de violencia contra sus adversaros políticos. Días antes del atentado emitió expresiones agresivas contra Turbay y también pocos días antes, tuvo una presencia sospechosa en la ciudad ecuatoriana de Manta, reducto de líderes de bandas del crimen organizado y el narcotráfico. Vino al Ecuador con el pretexto de asistir a la posesión del presidente Noboa el 24 de mayo, pero apenas terminó la ceremonia fue secretamente en el avión presidencial a un balneario de lujo de la ciudad costera ecuatoriana, dejando sospechas sobre lo que allí hizo.