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¡Vengan por mí, cobardes! Les gritó Maduro a los militares norteamericanos. Ellos aceptaron la desafiante invitación y ahora él está encerrado en una humillante prisión en la ciudad de Nueva York, donde también es residente su esposa, hasta hace poco poderosa “primera dama” del país bolivariano

El déspota gobernante venezolano, engrillado, también su esposa, en manos de fuerzas estadounidenses que los apresaron, in fraganti, sin que sus custodios pudieran evitarlo. ¿Hubo traición para recibir 50 millones de dólares de recompensa?

La suerte de Nicolás Maduro, presidente de Venezuela “a las buenas o a las malas”, se viró el 3 de enero de 2026, al ser capturado en el bunker de acero del palacio de Miraflores, de madrugada, con su esposa Cilia Flores. Un operativo militar terrorífico de los Estados Unidos, en forma impecable y eficaz, tomó viva a la pareja poderosa gobernante por más de trece años, renovando el poder con procesos electorales fraudulentos. El tribunal electoral, la corte de justicia y los organismos de control eran sus subordinados.

Las imágenes de Maduro y la compañera, que horas antes desafiaban al presidente de Estados Unidos, con gestos y bailes, se transformaron en esperpénticos monigotes sometidos y humillados, obedeciendo órdenes de los captores para ser trasladados al Metropolitan Detencion Center de Nueva York. “Soy el presidente de Venezuela, un hombre decente, prisionero de guerra, dijo a la autoridad judicial ante la que se identificó, pero le ordenó no hacer proclamas políticas: Maduro no fue reconocido presidente legítimo y su situación legal es de cabecilla del narcotráfico, negocio y uso de armas.

La fácil captura de Maduro dejó en claro que sus proclamas asegurando estar protegido en forma infranqueable, eran “pura boca”, como el blindaje de militares cubanos de su guardia personal, abatidos durante el asalto, sin lesionar a uno solo de los invasores del lugar supuestamente más seguro de la sede presidencial. “Vengan por mí, cobardes”, gritaba Maduro a Trump y a sus fuerzas armadas ante concentraciones de civiles y militares que aparecían respaldándolo. Esa frase, ahora, debe zumbarle como un autocastigo en la prisión diminuta donde permanece incomunicado y vigilado de día y de noche, desde que llegó deseando Happy new year, al que aparecía a su vista.


La anulación al gobernante no produjo una reacción ciudadana importante para defenderlo. El gobierno estadounidense se dio el lujo de encargar la presidencia de Venezuela a la vice presidenta Delcy Rodríguez para que asuma sus órdenes, se desgaste y dirija una transición a la democracia con su visto bueno. La encargada del poder no tiene más que someterse a la nueva realidad impuesta: el negocio petrolero venezolano está bajo el control de EE.UU., la temible prisión de El Helicoide liberará a los presos políticos y las relaciones diplomáticas con Estados Unidos van camino a normalizarse. ¡Qué diría de todo esto el bravucón invencible de Maduro!

¿Fue un secuestro su detención? De todo se ha dicho, especialmente contra el abuso de la fuerza por Estados Unidos. Pero fue Maduro quien propició su propia ruina con el abuso del poder, el apoyo bien remunerado de sus fuerzas armadas y sobre todo la escandalosa última reelección presidencial el 28 de julio de 2024, de la que nunca se exhibieron oficialmente los resultados en las urnas, mientras el candidato “perdedor”, Edmundo Gonzáles, sí pudo hacerlo en forma convincente. ¿Se debía esperar y tolerar que Maduro siguiera haciendo lo que a bien tuviere, en forma indefinida? Tras el ocaso del prepotente está la imagen de Corina Machado, mujer briosa de trayectoria histórica de lucha contra el chavismo madurista.

La reacción internacional también ha sido moderada, más acogiendo que protestando por la intervención de Estados Unidos. Maduro había sobrepasado todos los límites del abuso del poder y no podía seguir más fingiendo democracia en Venezuela, país, además, empobrecido hasta extremos de miseria, con salarios oficiales menores a un dólar mensual, mientras el gobernante y sus secuaces acumulaban fortunas increíbles en escondites financieros del mundo. Alguien que aún no está obligado a rendir cuentas es Diosdado Cabello, personaje que desde los orígenes del chavismo ha sido la mano y la mente en el desmoronamiento de la democracia y la justicia en el país bolivariano. ¿Qué vendrá luego? Estados Unidos lo definirá.