
Portada de un periódico municipal de 1999, destaca la decisión de mantener y respetar los adoquines de piedra en el centro histórico. A la derecha, adoquines de andesita embadurnados de colores chillones en una calle de San Blas, ignorando el valor patrimonial de las piedras labradas
Cuenca es querida por propios y extraños por sus encantos naturales, los valores humanos y culturales. No obstante, lo cotidiano de ciertas malas costumbres parece “normalizar” acciones que contradicen al slogan oficial de Amor por Cuenca exhibido en sitios públicos y frentes de trabajo municipal
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| La majestuosa catedral desluce con la ocupación de sus aceras como mercado artesanal o de baratijas bajo toldos. |
En septiembre de 1999 la Municipalidad debatía si mantener o retirar el adoquín de algunas calles del centro histórico y a punto estaba de eliminarlo en la Antonio Vega Muñoz, pues las piedras desgastadas y desniveladas estorbaban el intenso tráfico de carros livianos y pesados. Al fin prevaleció el criterio del alcalde Fernando Cordero para conservarlo, reforzando las bases con tratamientos técnicos adecuados. Pocas semanas faltaban para que la UNESCO declarara a Cuenca Patrimonio Cultural de la Humanidad, entre otras razones, por la fisonomía de sus calles de piedra labrada.
Aquella decisión fue muestra de respeto al adoquín como bien patrimonial ligado a la imagen urbana desde que se empezó a fijarlo en la calzada. “En 1935 se ensayó la pavimentación de una cuadra de la calle Bolívar con el decente y hermoso adoquinamiento de piedra sillar de las canteras de Chuquipata y Tahual”, informaba entones el presidente municipal Antonio Borrero Vega, para el presente y el futuro.
El adoquín marca el centro histórico de cuarenta kilómetros de calles con esas piedras artesanalmente esculpidas de cuarenta centímetros de largo, 20 de ancho y diez de espesor. Hasta fines de los años 60 del siglo XX el adoquín era el único material utilizado para pavimentar las calles de la ciudad. Solamente luego vendrían el cemento y el asfalto a las vías periféricas.
En definitiva, la imagen y las características del adoquín de piedra labrada identifican y enriquecen el valor del centro histórico de Cuenca. Sus texturas originales labran la fisonomía de la urbe patrimonial. Por eso, llama la atención que en forma apresurada -por decir lo menos-, se haya embadurnado con pintura de diversos colores el adoquín original de una calle lateral del parque de San Blas.
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| Un atentado contra la cultura de la ciudad patrimonial y las áreas históricas: SUSPENSIÓN no se escribe con C |
No hay argumento estético, de servicio o de ninguna índole que justifique el atentado al bien patrimonial. ¿Es obra del gobierno provincial o del gobierno municipal- antes de que el alcalde pasara a receso- atentar contra la identidad urbana? De quienquiera que fuese, no hay razón para estropear la decisión de hace casi tres décadas, de respetar la presencia primitiva del adoquín de andesita en el centro histórico. La calle burdamente pintarrajeada está frente a la vieja casa primorosamente restaurada del gobierno provincial, con la que conjugaba armoniosamente.
¿Así se expresa el Amor por Cuenca pregonado en afiches sobre una gestión municipal que amerita ser rectificada? Otras formas de menospreciar la fisonomía urbana y la cultura de la ciudad son el desorden del tránsito, o citaciones de clausura de obras particulares, con el escudo de la ciudad, el respaldo de la Alcaldía y de “Autoridad Competente” de áreas históricas y patrimoniales, con mayúsculas faltas de ortografía, como documentan las fotos de esta nota, que ojalá las mire la señora vicealcaldesa.

Carros parqueados al pie del edificio municipal en la calle Sucre: un impune y permanente defecto, como ocurre en la generalidad del centro histórico.

