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La fragilidad del sistema vial que conecta al Azuay con el resto del Ecuador es un tormento para sus habitantes, sus empresarios, sus productores en todos los gajes de la vida. A estas alturas del siglo XXI la situación se mantiene como hace décadas y décadas

En 1933 se inauguró con solemnidades patrióticas la carretera Cuenca-Girón que una década después llegó a Pasaje y Machala como una puerta para conectar a Cuenca con el mundo por Puerto Bolívar. Casi un siglo después ir a Girón y Machala es para los cuencanos un riesgo, especialmente si las lluvias, como en la reciente temporada, derrumban los taludes de los que se acuerdan las autoridades del Azuay y del ministerio de Obras Públicas solo en emergencias.

 

Los inviernos cierran las vías frágiles todos los años. Vías frágiles, en verdad, incapaces de soportar el peso de enormes camiones que acarrean productos de entrada y salida hacia mercados de la región y, sobre todo, el cargamento interminable de materiales para la industria cementera Guapán o que usan la Cuenca-Machala para transportar rocas de los yacimientos auríferos de la amazonia, por este recorrido, para ir por Puerto Bolívar a países procesadores de la minería.

Hace un año la creciente de una quebrada destruyó la calzada poco antes del heroico Portete de Tarqui, en menos de veinte metros. Reponer el asfalto sería cuestión de derramar una media volquetada de material y una media hora de trabajo, pero hasta ahora es uno de los primeros obstáculos en la Cuenca-Girón. En diferentes tramos la destrucción de la capa de estropea los carros si los conductores no se percatan de la falla, que no es geológica sino burocrática.

Las fotos muestran la catastrófica condición de las carreteras que conectan Cuenca con la provincia de El Oro y con Loja. Un socavón obligó a utilizar un desvío de la Cuenca-Girón por San Fernando, otra vía en pésimas condiciones donde se encunetan los buses de transporte interprovincial. Las fotografías delatan esta realidad más que con palabras. El socavón fue rellenado en forma emergente por el carnaval.

Un boquerón abierto al costado de la vía con las aguas previas al carnaval en el kilómetro 50 obligó a desviar por San Fernando- Asunción-Léntag, trayecto plagado de cráteres en la calzada, pese a bailes promocionales de autoridades jactanciosas de cientos de kilómetros con los que supuestamente han pintado algunas carreteras. El carnaval que acaba de pasar presionó para una reparación rápida, pues no se podía posponer la obra en una época de movilización emergente.

 Tramo en “buenas condiciones” en la carretera Girón - Pasaje 

No hay derecho para la inclemente desatención oficial a los problemas de vialidad y transporte que sufre el Azuay para conectarse con provincias vecinas y con el país. Otras vías de conexión con la costa, el norte y el oriente, desde el Azuay, también están plagadas de deterioro. Mientras el carnaval fue motivo de fiestas y grandes inversiones para la espectacular propaganda de funcionarios pomposamente autoproclamados candidatos para las reelecciones, una situación crítica tan grave como el tema de la vialidad del Azuay ocupa último lugar en la mente y el trabajo de esas autoridades. El servicio público -para llamarlo de alguna manera- no puede ser carrera política vitalicia, peor aún si ante problemas básicos, como el de la vialidad, se abstienen de mostrar una enérgica actitud de reclamo y protesta a los gobiernos de turno.

Las gráficas que acompañan a esta nota, captadas por usuarios de las carreteras, dicen más que los discursos sobre la calamidad de la vialidad azuaya, incapaz de soportar las aguas de las lluvias en la temporada de los carnavales, peor el tráfico de miles de carros cada día. Y tampoco en los veranos dan seguridad al transporte motorizado las carreteras del Azuay que conducen a provincias vecinas o con el resto del país.